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domingo, 19 de diciembre de 2010

Pero no gritó



Siempre creyeron que aunque el mundo se estuviera desternillando de risa, descomponiéndose de forma inocente (como si la cosa no fuera con él), rasgando las vidas que lo pobablan y destrozándolo todo para continuar con su broma macabra... Siempre creyeron que, aún así, había esperanza.

Hasta el día en el que Susana se cayó.

Fue... Un traspiés. Simplemente tropezó en un mal momento, en un mal sitio. Ella, que siempre había tenido un equilibrio perfecto y unos reflejos impresionantes, pisó mal. Su converse roja izquierda siguió en el bordillo de la azotea mientras le derecha veía a ver si podía volar. Y no pudo.

Sam estiró la mano para sujetarla, aún a sabiendas de que en vez de salvarla iba a caer con ella. Llegó tarde. El cuerpo de Susana ya estaba suspendido en el aire, su melena rubia se arremolinaba en torno a su cara, a sus ojos asustados. La mano extendida, los dedos separados intentando engancharse al salvavidas en el que Samuel se había convertido.

Pero hay un momento para todo. Y ése no era el de "Susana Se Salva de Milagro".

Cayó desde la azotea.

Samuel quiso gritar su nombre, pensando que quizá eso la haría volver. Quiso intentarlo, pero Loreto le puso la mano en la boca, encerrando la palabra que jamás volverían a pronunciar. Pobre Sam. Si lo conocierais entenderíais hasta qué punto le jode no poder gritar a su gusto. En otras circunstancias hubiera mordido a la opresora mano de su archienemiga, pero no lo hizo. Supongo que en el fondo, muy en el fondo, sabía que un inútil grito al aire era lo último que necesitaban.

Así que Susana cayó en silencio. Durante los segundos que tardó en romperse sus frágiles huesos contra el asfalto, no se escuchó nada. El mundo entero pareció contener la respiración.

¿Que por qué sé que Susana murió como una valiente?

Porque ella era la que tenía más razones para gritar, pero no lo hizo. Y con eso no llamó la atención de las pesadillas que la esperaban abajo, dispuestas a devorarla. Con eso, salvó la vida de los que seguían en la azotea, con ambos pies sobre cemento. No gritó. A menudo Samuel piensa que ojalá lo hubiera hecho.

9 comentarios:

  1. Algo macabro el texto, pero tristemente hermoso. Vaya forma de enfrentarse silenciosamente al destino y qué dignidad a la hora de morir. Me ha gustado mucho :)

    Besos de neón.

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  2. Susana fué muy valiente, y me imagino que Sam también, por no morder a Loreto. (Yo lo hubiese hecho. Le hubiese arrancado un dedo, si una amiga mía se estuviese muriendo, no te digo más xDD)

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  3. Había escrito aquí una comparación que casi ofende perosinelcasi, así que me como mi humor negro y lo dejo todo en un "guau".

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  4. Mierda, Marco, me has hecho un nudo en la garganta. Todavía no conozco qué clase de historia es la de Sam, pero de momento tiene ciertas pinceladas dramáticas. Ay. Si no conozco a los personajes y he terminado como estoy ahora, el día en que empiece a leer, creo que... moriré. De sobredosis de Pîcara.

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  5. Yo habría gritado hasta desencajar las placas tectónicas. Supongo que no soy tan valiente.

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  6. He pensado: "ay, la leche" y después cosas incoherentes. Samuel y lo que pasa a su alrededor me está gustando demasiado...

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  7. Vaya...No tengo palabras, la verdad.

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  8. ¿Sabes? Fue horrendamente valiente, como poca gente sabe serlo. Como casi nadie puede permitirse. Me gustaría ser tan valiente como ella, porque yo habría gritado muchísimo.

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