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domingo, 30 de junio de 2013

-¿Por qué un tres en raya?
Leo notó los dedos fríos de Nata tocándole el tatuaje del costado, pero no la miró. Siguió con la vista clavada en la claraboya del techo.
-Porque sí.
-¿Por qué?
-Es el único que perdí.
La mano de hielo de la chica volvió a su pelo, y la maquinilla volvió a zumbar. Leo cerró los ojos y se imaginó que el pasado se cortaba como el pelo. La idea casi dibujó una sonrisa en sus labios.
La lengua de Natalia no pudo contener mucho tiempo su curiosidad.
-No te tenía por la clase de chico que se tatúa una derrota.
-Era la victoria de otra persona. Míralo de ese modo.
-¿Alguien importante?
-Me educaron para que pensara que todos somos importantes.
La chica le agarró de la barbilla, girándole la cabeza. Quizá lo hizo con más fuerza de la necesaria, pero Leo no se quejó. Estaban matando una leyenda y los excesos eran bienvenidos en el proceso. Además, una pequeña y oscura parte de él, la parte que llevaba la voz cantante la mayor parte del tiempo, se desternillaba de risa al ver que, a pesar de ser un don nadie con los bolsillos llenos de posibilidades muertas, todavía podía sacar de quicio a alguien.
-Apuesto a que es por Lucía. Todo es siempre por ella. Esto ya casi está -le pasó los dedos helados entre el pelo, comprobando el largo-. Es guapa. Siempre lo ha sido. Incluso con esa horrible personalidad. ¿Sabes que es incapaz de rimar?
-¿Guapa y personalidad?
-No, Lucía. No sabe. Estate quieto.
-No me he movido.
-Ibas a moverte.
-No. ¿Cómo lo sabes? Pero no.
-Leo, tú tampoco.
-¿Eh?
-Sabes rimar.

1 comentario:

  1. ¿Natalia piensa enseñarle a rimar?

    Las historias sobre los tatuajes, (de derrotas de unos y victorias de otros) siempre me han gustado.

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