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martes, 29 de octubre de 2013

En plan James Dean

Los dedos de Riley bailan sobre la bola de cristal, nerviosos. Intenta mantener una expresión tranquila, pero sus manos hablan demasiado alto y le traicionan. "Verás, queremos impresionarte, de verdad que sí, pero no hemos hecho algo así de grande en la vida y, bueno, es muy probable que la caguemos". Sonrío.
Cierra los ojos, respira hondo y se arremanga el jersey violeta. Las manos vuelven a la bola, pero mis ojos se distraen con su antebrazo izquierdo, lleno de tatuajes. Distingo las letras de una canción rodeadas de carpas koi, unas ramas de almendro que trepan hacia arriba, símbolos matemáticos...
- A lo mejor me concentro mejor si dejas de mirarme. Esto es como mear; si me miras me cortas el rollo.
Ah. Como mear. Claro. Asiento un par de veces y me doy la vuelta, encarándome con las estanterías llenas de libros y chismes. Acaricio la estatuilla de una geisha, intentando no pensar en la clase de baile cósmico e incomprensible que está ocurriendo a mi espalda.
Mientras Riley se concentra y yo me distraigo, el cielo sigue vestido del color de la sangre.
Tiene un póster de Firefly. Un espejo que parece sacado de una película de época. Libros viejísimos al lado de cómics de Deadpool. Unos patines blancos y rosas que están hechos polvo. Una botella llena de conchas. El lápiz negro que utiliza para pintarse la raya está junto a un bloc de dibujo, sugiriendo que ha conocido más de un uso. Cuentas de rocalla aquí y allá, atrapasueños, cedés, juegos de cartas...
- He acabado... - su voz me roza, cansada y somnolienta -. Tendría que servir. Estarás protegida durante dos semanas.
- Gracias.
- Todavía tienes que pagarme.
Sonrío de nuevo. Bajo ese pelo color zanahoria, hay un cerebro acostumbrado a los negocios.
- Por supuesto. ¿Qué es lo que quieres? ¿Una garra de dragón? ¿Plumas de arpía? ¿Una espada legendaria?
- Una respuesta. ¿Quién te persigue?
Se merece una verdad. Somos amigos. O lo éramos hace cinco años. ¿No le debo un poco de honestidad a mi yo pasado y a este tío encantador y desequilibrado? Me llamó "James Dean en chica" una vez. Nunca nadie me había soltado un cumplido tan grande. Joder, fumábamos juntos. Le enseñé a jugar al póker. Me compró tampones. 
- ¿Te acuerdas cuando fuimos al zoo y vimos las jirafas?
- Majestuosas.
- Sí. Nos pusimos a hablar de todo un poco. Al final, discutimos. Dijiste que algún día iba a meterme en un lío muy grande y que no ibas a poder ayudarme. Y también dijiste que tengo la boca grande. Literalmente. 
- ¿Me equivoqué?
- No - respondo. Se levanta e intenta cogerme la mano, pero me aparto -. No quiero meterte en esto. 
- Somos amigos.
- Por eso, joder. Soy una amiga de mierda, pero esta vez lo voy a hacer bien. 
Sonríe un poco, despacio. Pero no me engaña. Algo le entristece. Se está preocupando por mí otra vez, como antes. Y me alegra porque soy una egoísta. Como antes. 
- Tranquilízate, James Dean, y dime qué te pasa.
- Hacía mucho que no me llamabas así - susurro, tragándome las lágrimas. 
- Bueno, Scar, es que hacía mucho que no te ponías en plan James Dean.

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